¿Una guerra a 13.000 kilómetros puede cambiar la economía argentina?

El conflicto en Medio Oriente vuelve a demostrar que la distancia geográfica importa cada vez menos. Petróleo, comercio, inflación y Vaca Muerta conectan a Argentina con un escenario que parece lejano.

Por Juan Kadosh

Hay conflictos que parecen demasiado lejanos como para formar parte de nuestras preocupaciones económicas cotidianas.

Irán está a miles de kilómetros de Buenos Aires. El estrecho de Ormuz es apenas una pequeña franja de agua entre Irán y Omán. Sin embargo, lo que sucede allí puede terminar influyendo en el precio internacional del petróleo, en los costos logísticos, en las expectativas de inflación y, eventualmente, en decisiones de inversión que se toman en Argentina.

La explicación es relativamente sencilla: la economía mundial está mucho más conectada que el mapa político.

Y pocas regiones permiten entenderlo mejor que Medio Oriente.

Un pequeño estrecho por donde pasa una parte enorme de la energía mundial

El estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el mar Arábigo. Su importancia económica es difícil de exagerar.

Según la U.S. Energy Information Administration (EIA), durante el primer semestre de 2025 circularon por allí aproximadamente 20,9 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, equivalentes a cerca del 20% del consumo mundial de líquidos petroleros y aproximadamente una cuarta parte del petróleo comercializado internacionalmente por vía marítima.

Además, las alternativas son limitadas. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos poseen oleoductos capaces de evitar parcialmente el estrecho, pero la EIA calculaba una capacidad conjunta disponible de alrededor de 4,7 millones de barriles diarios, muy inferior al flujo habitual por Ormuz.

Por eso, cuando aumenta la posibilidad de una interrupción, el mercado no necesita esperar a que desaparezca físicamente el petróleo.

El riesgo también tiene precio.

El petróleo vuelve a incorporar geopolítica

Durante septiembre, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán y la situación del estrecho siguieron moviendo con fuerza las cotizaciones internacionales.

Al 30 de septiembre, Reuters informaba que el Brent operaba alrededor de los USD 103 por barril. Una encuesta de la agencia entre analistas elevó además la estimación promedio para el Brent durante 2026 a USD 89,05, frente a USD 85,08 en la encuesta anterior, fundamentalmente por las disrupciones persistentes en las exportaciones del Golfo.

Eso muestra algo importante.

El petróleo no vale solamente lo que cuesta extraerlo. También incorpora expectativas sobre guerras, rutas marítimas, sanciones, capacidad de producción, inventarios y estabilidad política.

Una decisión tomada en Washington, Teherán o Riad puede terminar modificando las expectativas de una petrolera que está evaluando una inversión en Neuquén.

Ahí aparece Argentina.

Vaca Muerta cambia nuestra posición frente a una crisis energética

Durante décadas, un aumento internacional del petróleo podía analizarse principalmente como un problema para Argentina: energía más cara significaba mayores costos.

Hoy el escenario es más complejo.

Argentina cuenta con Vaca Muerta y con una creciente capacidad de producción y exportación energética. Eso introduce una característica particularmente interesante: un shock petrolero internacional puede generar simultáneamente costos y oportunidades.

Para un productor exportador, precios internacionales elevados pueden aumentar el valor potencial de sus ventas y mejorar determinados proyectos de inversión.

Para consumidores y empresas, en cambio, una energía mundial más cara puede trasladarse —dependiendo del tipo de combustible, contratos, impuestos, regulación y tipo de cambio— hacia mayores costos de transporte, producción y logística.

Por eso sería demasiado sencillo afirmar que “el petróleo caro beneficia a Argentina” o que necesariamente la perjudica.

Puede hacer ambas cosas al mismo tiempo.

La oportunidad argentina es más grande que el petróleo

Hay además una discusión que excede completamente a Vaca Muerta.

La competencia internacional está girando cada vez más alrededor de energía, minerales críticos, alimentos, infraestructura y cadenas de suministro.

Y Argentina aparece en varias de esas conversaciones.

Petróleo y gas en Vaca Muerta. Litio en el norte. Grandes proyectos de cobre en distintas provincias. Capacidad agroindustrial. Potencial para ampliar infraestructura energética y exportadora.

En ese contexto, poseer recursos naturales vuelve a tener un peso geopolítico considerable.

Pero existe una diferencia fundamental entre tener recursos y tener poder económico.

Un recurso debajo de la tierra no construye automáticamente desarrollo.

Para convertirlo en riqueza hacen falta capital, infraestructura, tecnología, capacidad exportadora, proveedores, trabajadores calificados y mercados dispuestos a comprarlo.

Ese es, para mí, el verdadero debate que Argentina debería observar cuando mira el nuevo mapa internacional.

La geopolítica también puede llegar al bolsillo

La conexión entre Medio Oriente y Argentina tampoco termina en las exportaciones.

El petróleo participa directa o indirectamente en una enorme cantidad de actividades económicas: transporte terrestre, aviación, logística marítima, petroquímica, producción industrial y cadenas internacionales de abastecimiento.

Por eso, un shock energético suficientemente importante puede propagarse.

No significa que una suba del Brent se transforme automáticamente y en igual proporción en inflación argentina. Ese traslado depende de múltiples variables domésticas, entre ellas precios internos, impuestos, regulación, tipo de cambio y política comercial.

Pero tampoco podemos analizar nuestra economía como si funcionara aislada del mundo.

Incluso países que producen energía están expuestos a los precios internacionales.

Argentina ya está exportando más al mundo

El contexto comercial argentino también ayuda a dimensionar por qué esta discusión importa.

Según INDEC, durante agosto de 2026 las exportaciones argentinas alcanzaron USD 8.883 millones, mientras que las importaciones fueron de USD 6.696 millones. El resultado fue un superávit comercial mensual de USD 2.187 millones. En los primeros ocho meses del año, las exportaciones acumularon USD 67.248 millones, un aumento interanual del 21,4%. INDEC

No todo ese crecimiento corresponde, naturalmente, a energía. Pero el dato permite poner la discusión en perspectiva: para una economía que necesita generar divisas mediante exportaciones, la capacidad de integrarse competitivamente al comercio mundial importa mucho.

Y la energía puede convertirse en una parte cada vez más relevante de esa ecuación.

Tener recursos no significa tener poder

Desde mi mirada como economista, esta es probablemente la conclusión más importante.

Argentina puede beneficiarse de un mundo que vuelve a valorar los recursos estratégicos. Pero tener petróleo, gas, litio o cobre no garantiza prosperidad.

La historia económica mundial está llena de países extraordinariamente ricos en recursos naturales que no consiguieron transformar esa ventaja en desarrollo sostenido.

La diferencia aparece cuando esos recursos permiten construir algo alrededor: infraestructura, conocimiento, inversión, proveedores, exportaciones y capacidad productiva.

Y también cuando un país consigue mantener relaciones económicas suficientemente amplias como para no depender exclusivamente de un único mercado.

Estados Unidos puede representar capital y tecnología. China, una enorme demanda de commodities y minerales. Europa, mercados, inversiones y nuevas exigencias productivas. Otros países de Asia pueden convertirse en compradores cada vez más relevantes.

En un mundo más fragmentado, la capacidad de comerciar con distintos centros de poder puede convertirse en un activo económico en sí mismo.

El contexto importa

Una crisis en Medio Oriente puede parecer extraordinariamente distante desde Buenos Aires.

Pero el barco que atraviesa Ormuz, el barril que cambia de precio en Londres, la inversión que se evalúa en Neuquén y el combustible que utiliza un camión argentino pertenecen, finalmente, al mismo sistema económico.

Ese es quizás uno de los grandes cambios que debemos comprender sobre la economía del siglo XXI.

La distancia ya no nos protege de la geopolítica.

Pero esa misma interdependencia también puede abrir oportunidades.

Argentina posee algunos de los recursos que un mundo más incierto está buscando.

La pregunta, entonces, no es solamente cuánto petróleo tenemos, cuánto litio podemos extraer o cuántas toneladas de cobre podríamos exportar.

La pregunta realmente importante es otra:

¿podremos transformar esa ventaja geológica en una ventaja económica?

Porque la geopolítica puede colocar a Argentina en el centro del mapa.

Lo que hagamos con esa posición depende de nosotros.

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¿Cuánto cuesta realmente ser pobre en Argentina?